Suena el teléfono. Número desconocido.
Y tu cuerpo lo nota antes que tu mente: el pecho se aprieta, la garganta se cierra, la mandíbula se tensa, la tripa se hunde.
En milésimas, ya no estás en “¿quién será?”… estás en accidente, tragedia, despido, algo horrible.
Y lo peor es que no lo eliges: te ocurre.
Vivir así no es vivir, es resistir. Y agota el alma.
Si te pasa, quiero que lo leas con una idea muy clara:
No estás roto. Tu sistema nervioso está hiper-activado para protegerte.
Y si creciste con una madre narcisista (o emocionalmente inmadura), ese “modo alarma” no nació de la nada. Ese catastrofismo, es poenerte siempre en la peor situación, imaginar el peor escenario.
¿Qué es el catastrofismo?
El catastrofismo es una distorsión cognitiva: una forma automática de interpretar la realidad anticipando el peor resultado posible, aunque sea poco probable o directamente irracional.
Como explico en Sobrevivir a una madre narcisista, una distorsión cognitiva es:
-
una interpretación errónea y poco objetiva de lo que ocurre,
-
que aparece como pensamiento “automático”,
-
activa emociones intensas (miedo, culpa, vergüenza),
-
y te empuja a conductas que luego refuerzan ese mismo patrón.
Es un bucle: pienso lo peor → siento alarma → actúo desde la alarma → confirmo que “tenía razón” (aunque no la tuviera).
Hecho vs. Película mental (para que lo veas de un vistazo)
Cómo se ve en la vida real (ejemplos cotidianos)
| El hecho objetivo | La película mental (catastrofismo) |
|---|---|
| Un número desconocido me llama. | “Algo grave ha pasado, es una emergencia.” |
| Mi jefe dice: “¿Tienes un minuto?” | “Me van a despedir, no valgo para nada.” |
| Mi pareja no contesta un WhatsApp. | “Se ha cansado de mí, me va a abandonar.” |
| Una amiga está más fría. | “He hecho algo mal y me van a apartar.” |
| Mi hijo tose por la noche. | “Es algo serio. Y si no lo veo, será culpa mía.” |
¿Ves el patrón? El hecho es pequeño. La mente lo convierte en amenaza total.
Cómo se disfraza el catastrofismo (para que lo reconozcas)
No suele presentarse como “soy catastrofista”. Se camufla con frases que suenan razonables:
-
“Tengo un mal presentimiento.”
-
“Yo ya sé cómo acaba esto.”
-
“Si me relajo, algo va a pasar.”
-
“Más vale ponerse en lo peor (así no duele tanto).”
Eso no es intuición. Eso es hipervigilancia.
La raíz:
El catastrofismo como herencia: el miedo a la represalia
Aquí entra tu historia.
Cuando creces con una madre narcisista, muchas veces no temías el evento en sí. Temías lo que venía después:
-
el grito,
-
el juicio,
-
el “te lo dije”,
-
el silencio castigador,
-
la culpa como látigo,
-
la sensación de “ahora me toca pagar”.
El niño aprende una verdad dolorosa:
“La calma no es segura. En cualquier momento llega el golpe.”
Por eso, de adulta, tu mente no solo imagina “algo malo”.
Imagina la represalia, la humillación, el abandono emocional.
Y entonces tu sistema nervioso se adelanta… porque en tu infancia, adelantarte era sobrevivir.
Por qué el cerebro se va a la negatividad (sin que tú lo decidas)
Si te preguntas por qué siempre te vas a ver lo negativo, decirte que tu cerebro está diseñado para la supervivencia, no para tu paz.
-
La amígdala (alarma) escanea peligro.
-
Si hubo infancia con tensión, crítica o imprevisibilidad, la alarma se vuelve hipersensible.
-
La mente crea historias rápidas para “explicar” la amenaza: “esto va a acabar mal”.
-
Y la parte racional se apaga cuando estás en ansiedad.
Traducción: no es falta de fuerza de voluntad.
Es un cuerpo que aprendió a vivir en modo emergencia.
El precio oculto del catastrofismo
El catastrofismo parece protegerte, pero te cobra caro:
-
rumiación y cansancio mental,
-
necesidad de control,
-
evitación (posponer, no responder, no decidir),
-
complacencia (para que nadie se enfade),
-
desconexión del presente,
-
y una identidad antigua: “no estoy a salvo si no lo pienso todo.”
Y ahí duele: porque no es solo ansiedad. Es una herida vieja diciendo:
“No puedo fallar. No puedo molestar. No puedo equivocarme.”
Cómo salir del bucle sin pelearte contigo: Método RAN
Para mí, el camino no es “cambiar pensamientos” a la fuerza.
Es reentrenar tu sistema nervioso y tu mente desde seguridad.
RAN = Reconoce la alarma, Acepta el intento de protección y Nutre con la verdad presente.
✅ 1) R — Reconoce (ponle nombre)
-
“Esto es catastrofismo.”
-
“Mi mente está escribiendo el peor guion.”
Frase ancla:
“No es una profecía. Es una respuesta de protección.”
✅ 2) A — Acepta (sin rendirte)
Aceptar no es “vale, todo irá mal”.
Aceptar es:
“Entiendo por qué mi cuerpo hace esto. Gracias por intentar cuidarme.”
Cuando lo miras con calma, el pensamiento suele perder fuerza.
✅ 3) N — Nutre (verdad útil + siguiente paso)
Hazte 3 preguntas:
-
¿Qué evidencia real tengo hoy?
-
¿Esto es presente… o es una voz antigua?
-
¿Cuál sería un escenario neutral?
Y crea una verdad útil (corta y concreta):
-
“No sé quién llama. Puedo responder y comprobar.”
-
“Que mi jefe quiera hablar no significa despido.”
-
“Mi mente teme abandono. Yo hoy puedo sostenerme.”
Para ti, si lo vives así
Si te reconoces en esto, no te pido que “lo controles”.
Te pido algo más valiente:
dejar de maltratarte por un mecanismo que nació para salvarte.
Se puede cambiar.
No de golpe, pero sí con práctica, regulación y un camino claro.
Te leo. Te acompaño.
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